Pasaron los años y Joe siguió haciendo novillos, es más huyó de la escuela militar a la que le enviaron para que moderara sus actos, pero de nada le sirvió, en su casa hizo del hombre de la casa, ayudó a su madre a superar el divorcio y empezó a hacerle algunas tareas, con el tiempo se sacó el carnet de conducir y empezó a ayudarla con la compra, eso sí, siempre haciendo alguna que otra travesura.
Un día, Joe estaba tumbado en el sofá, con los pies encima de la mesa y fumando, su madre entró y lo vio, le quitó el cigarro y lo aplastó delante de él.
- Nada de fumar en casa- dijo su madre enfadada
- Tú también lo haces- rechistó Joe
- Pero yo ya soy mayor de edad
- Joder, menuda mierda de vida, no puedo hacer nada
- Señorito, ese lenguaje
- ¡Si no he dicho nada!- gritó Joe
- ¡A mí no me chilles inútil!
- ¡A mí no me insultes zorra!
La madre de Joe le dio una bofetada y se marchó llorando, Joe miró como corría a su habitación, suspiró y la siguió, llamó a la puerta antes de entrar.
- ¡Vete! - oyó a su madre entre sollozos desde dentro
- Mamá... mamá lo siento... - dijo Joe arrepentido
- No lo sientes, eres igual que tu padre...
- ¡No me compares con ese mierda!
- ¡Que te vayas te digo!
Joe captó lo que su madre quería decirle, cogió las llaves del coche y se fue, estuvo dando vueltas alrededor del pueblo, finalmente se decidió por marcharse, se fue lejos, muy lejos.
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